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Ricardo O., Uruguay |
| Envío texto de Eduardo Galeano
OBJETOS PROHIBIDOS
Por Eduardo Galeano
«En toda América Latina, los filántropos del Fondo Monetario y del
Banco
Mundial han multiplicado las exportaciones de carne humana.»
13 de noviembre de 2005
La noche del Día de Muertos, en noviembre del 2005, Helena Villagra y yo tuvimos que pasar, en tránsito, por el aeropuerto de Miami. Veníamos de
Honduras, El Salvador y México. A la salida del aeropuerto de México,
nuestras cuatro maletas fueron cuidadosamente revisadas, ante nuestros
ojos, por manos enguantadas que las hurgaron hasta el último rinconcito y las
despacharon a Montevideo.
Todo bien, pero la cosa no terminaba ahí. A continuación, nos tocaba el
cambio de avión en Miami. Allí estuvimos unos cuarenta minutos, que
raspando alcanzaron para cumplir con el calvario de las colas, los formularios,
laspreguntas, las impresiones digitales, las fotos y el strip-tease previo
al embarque.
Horas después, al fin del viaje, descubrimos que dos de nuestras
maletas habían sido violadas. De una, había desaparecido el candado. En la
otra, había sido roto el cierre de seguridad. Adentro encontramos, a Bush
gracias, una explicación. La violación había ocurrido en Miami. «OBJETOS
PROHIBIDOS»: ése era el asunto. Dentro de cada valija había un impreso de la
Administración de Seguridad en el Transporte de los Estados Unidos, que
nos decía: «Su maleta ha sido elegida para la inspección física. Durante la
inspección, la maleta y su contenido pueden haber sido revisados en
busca de objetos prohibidos.» Y tenía la gentileza de agradecer: «Apreciamos su
comprensión y cooperación».
Helena tiene la afortunada o desgraciada costumbre de ver la realidad
antes de que ocurra. La ve mientras duerme. Dormida la vio, poco antes de que
nuestras maletas sufrieran este ataque de la curiosidad oficial. Nos
vio en un aeropuerto, haciendo fila, obligados a pasar, a través de una
máquina, nuestras almohadas. La máquina leía, en las almohadas, los sueños que
habíamos soñado. Era una máquina detectora de sueños peligrosos para el
orden público.
¿Qué encontraron los agentes de seguridad que abrieron nuestras
maletas? Me temo que no resultaron sospechosas por lo que llevaban, sino por lo que
no llevaban. Las maletas no tenían armas de destrucción masiva. Por eso
merecían ser invadidas. Como Iraq. Y para colmo, ahí adentro no había
ni un solo objeto de esos que no sólo no están prohibidos, sino que son
recomendables, y hasta imprescindibles, en la cartera de la dama y en
el bolsillo del caballero:
Había muchos libros, pero entre ellos no figuraba la colección completa
de los discursos del presidente del planeta, que desde sus primeras piezas
oratorias en Texas se ha destacado por su fina prosa, su fervor
místico, su transparente honestidad y su involuntario sentido del humor.
Los agentes no encontraron, entre nuestros papeles, ningún contrato de
trabajo al estilo de la empresa WalMart, modelo universal del éxito,
que prohíbe los sindicatos y otras molestias enemigas de la productividad
obrera.
No encontraron ningún documento de los sabios expertos internacionales
capaces de demostrar que hasta la lluvia debe ser privatizada, como
ocurrió en Bolivia hasta que el pueblo la desprivatizó.
No llevábamos ningún tratado de libre comercio, de esos que dicta el
todopoderoso país que jamás ha practicado ni practica semejante cosa.
Tampoco llevábamos picanas eléctricas, ni otros instrumentos de tortura
necesarios para los interrogatorios que ese país sí ha practicado, y
practica, para promover la libertad de expresión.
En nuestras valijas no había bandejas de MacDonald¹s ni de Burger King,
ni de ninguna otra empresa consagrada a la noble misión de luchar contra
el hambre multiplicando a los gordos.
Tampoco había ningún automóvil, lo que sin duda tiene que haber llamado
la
atención en un país donde hasta los bebés tienen permiso de conducir y
desde que nacen pueden pudrir la atmósfera sin que les suene para nada la
palabra Kyoto.
Resultaba también reveladora la ausencia de semillas transgénicas, de
ésas que están convirtiendo a los campesinos del mundo en felices
funcionarios de la empresa Monsanto.
Y no menos reveladora era la ausencia de la prensa transgénica, cuyos
transgénicos periodistas llaman catástrofes naturales a los cotidianos
actos terroristas de la sociedad de consumo.
Nosotros veníamos corridos por los huracanes. Habíamos estado en
algunos de
los países más golpeados por estas locuras, ciclones, sequías,
inundaciones, cada vez más frecuentes y más feroces.
¿Qué tienen de naturales estas catástrofes matapobres? ¿Tan perversa es
la naturaleza? ¿Loca de nacimiento? ¿Perversa y loca? ¿O estamos
confundiendo
al verdugo con la víctima? ¿Es la naturaleza la que envenena el aire,
intoxica el agua, arrasa los bosques y envía el clima al manicomio?
En Honduras, visitamos las ruinas de Copán. Éste fue uno de los reinos
mayas
misteriosamente derrumbados seis siglos antes de la conquista española.
O no tan misteriosamente: los investigadores tienden a creer, con creciente
fundamento, que esos fueron desastres ecológicos. En el caso de Copán,
al menos, está claro que los bosques se habían reducido a desiertos que
daban piedras en lugar de maíz.
¿No se está repitiendo esa historia? Sólo en Honduras, el exterminio
avanza a un ritmo de setenta y cinco mil árboles por día, según denuncia el
sacerdote Andrés Tamayo, que vive al servicio del cielo y de la tierra.
En las Américas, y en muchos otros parajes del mundo, los bosques
naturales, verdes fiestas de la diversidad, están siendo brutalmente reducidos a
la nada o convertidos en pasturas de ganado o en falsos bosques
industriales
que resecan la tierra.
¿No podemos mirarnos en el espejo de los tiempos pasados? ¿Será la
memoria
un objeto prohibido?
El desastre del ciclón Stan en Chiapas se hubiera reducido a la mitad,
afirman los entendidos, si esa región estuviera todavía defendida por
sus bosques. En Cancún, donde Wilma no dejó nada en pie y vació de arena
las playas, los inmensos hotelones del negocio turístico habían aniquilado
las dunas y los manglares que protegían esas costas.
¿Y los otros huracanes? Esas imparables ventoleras que arrastran
gentíos desesperados desde el sur hacia el norte, ¿son catástrofes naturales?
En Tegucigalpa, en San Salvador, en Oaxaca, vimos largas filas de mujeres
descalzas, cargadas de niños, venidas de aldeas lejanas, ante las casas
de cambio. Ellas esperaban el dinero enviado, desde los Estados Unidos,
por el marido, el hermano o el hijo.
Las desgracias se disfrazan de fatalidades del destino y dicen ser
naturales. ¿Es natural que un país condene a sus hijos más pobres a
jugarse la vida y a perseguir la esperanza al precio de la humillación y el
desarraigo?
En toda América Latina, los filántropos del Fondo Monetario y del Banco
Mundial han multiplicado las exportaciones. de carne humana.
¿Emigrantes o expulsados? Muchos de los idos, los llamados mojados,
caen en el camino, por sed o por bala, o regresan mutilados a sus pueblitos de
origen.
Los que sobreviven y llegan al prometido paraíso, se desloman
trabajando en lo que sea y como sea, día y noche, para que sobrevivan, allá lejos, en
el país que los expulsó, sus familias despojadas de tierra y de comida.
Dura odisea.
Ellos también son objetos prohibidos.
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Rolando Revagliatti |
No sólo recibido hace bien poco, Aníbal, sino que también leído el número 130, comento con los amigos que el último jueves he podido presentar en mi segmento de "Último Infierno", el café literario de Apoa, a las poetas santafecinas residentes en Rosario, Clara Rebotaro y Susana Rozas. Y en la última fecha, segundo miércoles de diciembre, en "Bartolomeo" (Bartolomé Mitre 1525, ciudad de Buenos Aires), tendré el gusto de presentar a Marcela Predieri, directora de la revista "La Avispa", poeta residente en Mar del Plata.
Adjunto un texto narrativo de mi autoría y un saludo efusivo en este espléndido viernes de noviembre.
Leer
texto "La Familia"
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Adolfo M. Vaccaro |
EL HUEVO.
El mundo es como un huevo
de cáscara tiene el cielo,
igual que clara, sus mares
y bien jaldado ese centro
que presagia su destino.
Además muchas especies
tienen dos de ellos colgando,
aunque hoy día no se note
en hogar o batallando
como en tiempo de Cruzadas.
El ovalado artefacto
que cayó sobre Hiroshima
invadió de nuevos huevos
de científicas gallinas
manejadas por botones.
En forma de medio ovoide
es el casco que se usa
para invadir otras tierras,
con obsoletas de excusas
como alardea el infame.
También a modo de huevo
con raya al medio es el ano
reemplazando aquel lugar
dónde el cerebro es vano
dando paso al sucesor.
Hasta en cumbre marplatense
de huevos representantes
la hipocresía rondaba
la nimiedad del mandante
condenado a su miseria.
Y las piedras, como huevos,
rompían del laburante
el sacrificio de años,
puesto y todo por delante
que pagarán mis impuestos.
Total la foto es la misma,
esa que sale en los diarios,
huevos sonríen su ALCA
el MERCOSUR al otario
con la bragueta cerrada.
Gritemos por Maradona
empilchado por Armani
total Fidel lo perdona
por hacer guita de un huevo
que lo llamamos pelota.
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Elisabet Cincotta, Buenos Aires. |
Me alegre mucho al encontrar a Misioletras, viví en Puerto Esperanza durante tres años, adoro la tierra colorada, y por sobre todo porque me dio una nieta. Trabajé como docente en la Escuela Nº 428 de allí y tuve ocasión de disfrutar el monte, sus olores y sus silencios, de conocer el espíritu misionero que envuelve a las personas.
Aquí les envío algo de mi producción
PRESENCIA AUSENTE
Desborda, excede, redunda,
se huele, se olfatea
se palpa, se siente.
Presencia ausente
mi mente te divaga,
te carcome, te inunda.
Estás y no estás.
Tu aroma me derrota,
me lleva por las orfandades
del amor distante.
Me navegas, me huyes,
me esperas.
Aquí permanezco
desnuda ante tu sutil contacto imaginario
y tu frase común llena de significado:
te extraño.
También pueden ver más de mí
http://ar.geocities.com/condesa47/index.htm
http://ar.geocities.com/retazosdos/index.htm
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María Laura Quiroga, Merlo, Provincia de Buenos Aires. |
Agradezco nuevamente que hayan seleccionado otra de mis poesías y aquí
les acerco otra.Es un gusto poder participar y enterarse de la calidad
de la gente que lo integra a través de sus obras.
No me ames
No me ames
si vas a lastimar el pasto con pintura
cuando la frescura del atardecer cae en el atrio
y la suma del amor no alcanza a diez.
No me ames
si vas a envenenar las flores con rezongos
quelos pájaros cantan y no cobran
y el sol sale sin que nadie lo despierte.
No me ames
si vas a romper el silencio con catástrofes
en las mañanas impregnadas de ilusiones
con la vanguardia de promesas y café.
No me ames
cuando los deseos están a media asta
con la renguera de los sentimientos ofrecidos
y la puerta de adelante está cerrada. |
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Griselda Garcia Cuerva |
Les envío otro de mis poemas y reitero mi agradecimiento por los boletines que recibo, es un gran placer leerlos.
Saludos para todos.
La magia de la noche
Mirando la hermosa luna
vacilo entre las nubes
y alimento mis fantasías
que se enredan en las estrellas.
La magia de la noche
se envuelve en mis sueños
y la belleza se dibuja
en el destello misterioso de la vida.
Mi alma despliega sus alas
y vuela por el universo
mientras un enorme lucero
le susurra tiernas palabras.
Me sumerjo en el silencio
y mis manos acarician una rosa
que acunada por la brisa
se mece en el florido jardín.
Mis ojos recorren el paisaje
y los colores de mi niñez
se encienden en los caminos
que salpican la magia de la noche |
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Portal de Poesía |
Malos recuerdos
La vergüenza es un sentimiento revolucionario
KARL MARX
Llevo colgados de mi corazón
los ojos de una perra y, más abajo,
una carta de madre campesina.
Cuando yo tenía doce años,
algunos días, al anochecer,
llevábamos al sótano a una perra
sucia y pequeña.
Con un cable le dábamos y luego
con las astillas y los hierros. (Era
así. Era así.
Ella gemía,
se arrastraba pidiendo, se orinaba,
y nosotros la colgábamos para pegar mejor).
Aquella perra iba con nosotros
a las praderas y los cuestos. Era
veloz y nos amaba.
Cuando yo tenía quince años,
un día, no sé cómo, llegó a mí
un sobre con la carta de un soldado.
Le escribía su madre. No recuerdo:
«¿Cuándo vienes? Tu hermana no me habla.
No te puedo mandar ningún dinero...»
Y, en el sobre, doblados, cinco sellos
y papel de fumar para su hijo.
«Tu madre que te quiere.»
No recuerdo
el nombre de la madre del soldado.
Aquella carta no llegó a su destino:
yo robé al soldado su papel de fumar
y rompí las palabras que decían
el nombre de su madre.
Mi vergüenza es tan grande como mi cuerpo,
pero aunque tuviese el tamaño de la tierra
no podría volver y despegar
el cable de aquel vientre ni enviar
la carta del soldado.
© ANTONIO GAMONEDA
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Oscar Portela |
Va un poema para Misioletras:
RESURRECIÓN
de Oscar Portela
A Maurice Blanchot
De todos los cementerios he vuelto
con flores en los ojos,
de todos los naufragios con algas
salvajes y crepúsculos de islas
vírgenes bajo los párpados, lleno del
vago sueño de un verano que no se irá.
Soy un poeta, tardíamente lo he
reconocido, sin alegría, pero sostenido
por la devoción de los dioses, he reconocido
mi casta, y la he aceptado en nombre de los
crímenes cometidos en tú nombre,
deseo de la poesía que creces
bajo tumbas y cruces donde los muertos
hacen el amor en tú nombre,
en nombre de lo que carece de nombre
y crece con el vago deseo que el viento
trae bajo los sombras de los álamos
o en el zumbido de las abejas
de septiembre. Finalmente sé quien soy,
lo reconozco en los andrajos
de los lujosos atavíos que los príncipes
usaron en las antiguas primaveras,
en el rancio pan de la angustia y en las
sombras de los sueños que pueblan
las horas y los días del destierro.
Desterrado de mí y de ti, viudo sin consorte,
rey de una usurpada corte, soy un poeta,
y de todos los cementerios vuelvo
con rosas crecidas en la lengua,
de todos los naufragios, con nombres
no pronunciados todavía, con los densos
alientos de la tierra, que reclama
de mí su único bien, a mí, cadena de huesos
que lucen ahora, ya, bajo las costas
sin orillas del vasto océano del fósforo,
agua salvaje que arde con el viento,
de la luz de la agonía del amor, el triunfo
de lo que no puede morir, la música,
la melodía de tú piel y del axi
que gira sobre sí, cuando vuelvo de
cementerios
y naufragios con restos de víctimas
en las fauces y flores crecidas al amparo
de los crímenes del deseo de la poesía
que habla ahora dentro de mí, incesante,
sin detenerse nunca, constante.
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Ricardo Colavecchia |
Estimado Anibal:
En la casilla de mensajes figura mi nombre (en el n* 11), pero no se puede leer el texto que te adjunté.
Por las dudas te lo vuelvo a unviar. Saludos
OLVIDO
No nos olvidemos
de nuestros muertos históricos.
No nos olvidemos
de nuestros muertos propios.
No nos olvidemos
de nuestros muertos ajenos.
No nos olvidemos
de nuestros muertos actuales.
No nos olvidemos
de nuestros muertos por venir.
¡ NO NOS OLVIDEMOS...!
***
OLVIDO II
No nos olvidemos
de los violentos históricos.
No nos olvidemos
de los violentos propios.
No nos olvidemos
de los violentos ajenos.
No nos olvidemos
de los violentos actuales.
No nos olvidemos
de los violentos por venir.
¡ NO NOS OLVIDEMOS...!
****
OLVIDOS III
No nos olvidemos
de la hambruna histórica.
No nos olvidemos
de la hambruna propia.
No nos olvidemos
de la hambruna ajena.
No nos olvidemos
de la hambruna actual.
No nos olvidemos
de la hambruna por venir.
¡ NO NOS OLVIDEMOS...!
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